—Te pedí que dejaras de hacerlo —le dije.
—Y sigo sin entender por qué te importa tanto. Si confiaras en Joaquín…
—No se trata de él. Se trata de una hermana que no respeta un límite.
Entonces sonrió. Una sonrisita casi satisfecha.
—Tómalo como una prueba. Si Joaquín puede caer solo porque una mujer pasa en toalla por la cocina, ¿no prefieres saberlo ahora? Yo no lo estoy provocando: estoy comprobando si se deja provocar. Si falla, es culpa de él. Si tu matrimonio no aguanta una toalla, el problema es tu matrimonio.
Esa era la niña a la que yo le curaba las rodillas raspadas. La que dormía conmigo cuando había tormenta.
Joaquín elige no participar
Esa noche se lo conté todo a Joaquín mientras cargaba el lavavajillas. Cuando escuchó la palabra “prueba”, se quedó quieto.
—Creo que me voy a mantener al margen —dijo—. Es tu hermana. Si me meto, lo va a convertir en algo sobre mí. Quiere una reacción. Si no se la doy, se va a aburrir.
Tenía lógica. No funcionó.
Brenda no se aburrió: subió la apuesta. Empezó a calcular. Esperaba a escuchar la cafetera y recién ahí bajaba. Joaquín se levantaba y se iba al patio, a la cochera, a cualquier lado. Y ella lo observaba como quien anota resultados en una libreta. Yo repetía lo mismo cada mañana; ella contestaba lo mismo: que exageraba, que era solo una toalla, que era mi inseguridad.
Para el sábado ya ni siquiera estaba enojada. Estaba agotada de defender el límite más simple del mundo dentro de mi propia casa.
El domingo, la otra prueba
El domingo yo untaba mantequilla en unas tostadas y Joaquín leía las noticias en su tablet. Escuché los pies descalzos en la escalera. Brenda apareció en la puerta. La misma toalla. La misma sonrisa.
—Brenda…
Joaquín me tocó la muñeca.
—Espera. Déjame a mí.
Por primera vez en una semana, no se fue. Se levantó, apoyó el café en la barra, se cruzó de brazos y la miró de frente. Brenda casi se iluminó: llevaba días esperando eso.
—Llevas toda la semana diciendo que esto es una prueba, ¿no?
—Exacto.
—Bien. Entonces, felicidades.
—¿Por qué?
—Aprobaste.
—¿Aprobé qué?
—Mi prueba. La de si ya estás lista para vivir con compañeras de casa.