—No. Es mío.
—Ya sé.
—Ese es el punto. Si hubiera sido de ustedes, el problema habría sido igual. No puedes sacar a tu esposa porque un recién nacido te incomoda. Un hogar no pertenece al que necesita más silencio.
Mauricio permaneció despierto casi toda la noche.
Por primera vez desde el nacimiento de su hijo, no pensó en el ruido, en el trabajo ni en cuánto dormiría.
Pensó en Mariana saliendo del hospital con puntos, dolor y miedo.
Pensó en aquellas dos maletas azules.
Él mismo había entrado al departamento mientras ella seguía internada.
Había abierto el clóset.
Había doblado su ropa.
Había guardado sus zapatos.
Incluso había metido los productos personales del baño.
En aquel momento se sintió eficiente.
Ahora le parecía brutal.
Al día siguiente trabajó con Rafael desde temprano.
Terminaron el piso de la recámara, colocaron los últimos zoclos y limpiaron.