Cuando acabaron, el departamento parecía otro.
El baño tenía azulejos nuevos.
La humedad había desaparecido.
Las paredes estaban recién pintadas.
El balcón estaba limpio y seguro.
Rafael incluso había reparado una puerta que llevaba casi un año atorándose.
A las cinco de la tarde sonó el timbre.
Mauricio abrió.
Mariana estaba ahí.
Sin bebé.
Sin maletas.
Solo ella.
Mauricio quiso abrazarla, pero se detuvo.
—Pasa.
Mariana recorrió el departamento lentamente.
—Quedó bonito.
—Tu papá es una máquina.
Desde la cocina, Rafael levantó una mano.
—Ya terminé. Me voy.
Tomó sus herramientas y salió, dejando a la pareja sola.
Mariana se sentó a la mesa.
Mauricio permaneció de pie unos segundos y luego ocupó la silla de enfrente.
—Escuché un audio de mi mamá —comenzó él.
Mariana lo miró.
—¿Qué audio?
Mauricio reprodujo el mensaje.
La voz de Teresa llenó la habitación: