Abrí la cajuela después de salir del hospital y sentí que me faltaba el aire: allí estaban mis maletas, preparadas por mi esposo mientras yo acababa de darle un hijo. “Serán solo tres meses; mi madre dice que necesito tranquilidad”, aseguró. Yo cerré la cajuela y contesté: “Perfecto”. Lo que él no imaginaba era que esos tres meses también podían cambiar quién tenía derecho a quedarse en casa.

Besó a Mariana, miró al bebé apenas unos segundos y comenzó a apresurar la salida.

Cuando llegaron al estacionamiento, Mauricio abrió la cajuela.

Ahí estaban.

Dos grandes maletas azules con toda la ropa de Mariana.

Ni siquiera pensaba llevarla primero al departamento.

—Amor, no lo tomes mal —dijo él—. Solo serán unos meses. Mi mamá tiene razón. Yo tengo proyectos importantes y necesito dormir. Tú vas a estar mejor con tus papás.

Mariana miró las maletas, después a su esposo.

—Está bien.

Mauricio abrió los ojos sorprendido.

—¿En serio?

—Sí. Vamos con mis padres.

Durante todo el trayecto, él habló emocionado de las “cosas pendientes” que haría en casa.

Pero Mariana sabía que debajo del asiento trasero llevaba un videojuego nuevo que se había comprado como “regalo por convertirse en papá”.

Al llegar, Mauricio bajó las maletas y sonrió satisfecho.

—Te visitaré todos los fines de semana.

Entonces la puerta de la casa se abrió.

Rafael apareció con una enorme caja de herramientas en una mano y un nivel de construcción en la otra.

—¡Mauricio! Qué bueno que viniste.

Mauricio dejó de sonreír.

Rafael abrió la cajuela del automóvil y metió sus herramientas.

—Mariana me contó que quieres poner el departamento en orden mientras ella está aquí. Me parece una idea excelente.

—Bueno… yo me refería a limpiar un poco…

—No, hombre. Si vamos a hacerlo, vamos a hacerlo bien. Hay humedad en el baño, el piso de la recámara ya está levantándose y el balcón necesita reparación. Ya hice la lista de materiales.

Mauricio palideció.

—¿Qué lista?

Rafael sonrió y cerró la cajuela.

—Primero pasamos por la ferretería. Tú pagas los materiales y yo pongo la experiencia.

Mariana tomó a su hijo y caminó hacia la casa.

Antes de entrar, se volvió.

—Que disfruten estos tres meses, muchachos.

Y cuando vio la expresión de Mauricio, comprendió que su marido todavía no tenía idea de lo que acababa de comenzar.

PARTE 2

Dos horas después, Mauricio entró al departamento acompañado de Rafael y sintió que el sueño de su “descanso de padre” moría frente a sus ojos.

Sobre la mesa tenía preparadas latas de refresco, botanas y la consola nueva que pensaba estrenar aquella misma noche.

Rafael la observó.

—Guárdala.

—¿Por qué?

—Va a haber polvo.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *