—Desde que te casaste esa mujer te—
—Mamá, no.
Teresa volvió a callar.
—No vuelvas a hablar de Mariana de esa manera. Y no vuelvas a tomar decisiones sobre nuestro matrimonio.
—Después de todo lo que he hecho por ti…
—Lo sé y te quiero. Pero esto es mi familia.
Teresa colgó.
Mauricio dejó el teléfono sobre la mesa.
Mariana continuó observándolo.
—Eso fue nuevo.
—También fue aterrador.
Ella sonrió levemente.
—Bienvenido a la adultez.
Al día siguiente, Mariana regresó al departamento.
Pero puso una condición.
—Si alguna vez vuelves a empacar mis cosas sin preguntarme, no voy a necesitar que mi papá venga con herramientas.
—¿Qué vas a hacer?
—Cambiar la cerradura.
Mauricio asintió.
—Justo.
Aquella primera noche fue una prueba inmediata.
A la una y veinte de la madrugada, Mateo comenzó a llorar.
Mauricio abrió los ojos.
Durante un segundo, su antiguo reflejo le ordenó darse vuelta.