Vivía cerca de la propiedad de Beatriz.
Y tres semanas antes había entrado a su terreno buscando una pelota.
Ese día había visto una camioneta detrás del granero.
Había visto a dos hombres bajar a una mujer vestida de blanco.
Y había visto cómo Beatriz abría la puerta de la vieja bodega.
Emiliano llevaba semanas callado por miedo.
Pero al reconocer a Lucía, corrió hacia su padre y dijo una frase que cambiaría todo:
—Papá, yo sé dónde tuvieron encerrada a esa muchacha.
Una hora después, Beatriz estaba sentada frente a nosotros.
Y por primera vez desde que empezó aquella pesadilla, ya no estaba llorando.
PARTE 3
La reunión se hizo en la oficina del comisariado.
Estaban el padre Esteban, mi madre, Jacinta, Lucía, Emiliano con su padre y varios vecinos que habían sido llamados como testigos.