Creí que la mujer con la que estaba a punto de casarme me había traicionado, hasta que la encontré agonizando en medio del bosque, todavía con el vestido de novia que llevaba tres días antes. Sus primeras palabras me dejaron helado: “No me lleves con mi familia… fueron ellos quienes me encerraron”. No discutí con nadie; simplemente llevé un misterioso medallón a una anciana para preguntarle por él… y ella terminó revelándome una muerte que había permanecido oculta durante casi treinta años.

Beatriz llegó acompañada por Rogelio.

Eso fue lo primero que me llamó la atención.

Había pasado días diciendo que buscaba desesperadamente a su sobrina, pero el hombre con quien pretendía casarla aparecía precisamente cuando alguien afirmaba haber visto el lugar donde estuvo secuestrada.

Emiliano estaba pálido.

El comisariado le ofreció agua.

—Cuéntalo despacio, hijo.

El niño apretó la mano de su padre.

—Fui a buscar mi pelota detrás de la casa de doña Beatriz. Cayó cerca del granero. Escuché una camioneta y me escondí porque pensé que me iban a regañar.

Miró a Lucía.

—Bajaron a una señora vestida de blanco.

Lucía empezó a temblar.

Tomé su mano.

Emiliano continuó.

—Tenía algo amarrado en la boca. Dos señores la cargaban. Doña Beatriz abrió la bodega y dijo: “Métanla rápido antes de que alguien venga”.

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