Creí que la mujer con la que estaba a punto de casarme me había traicionado, hasta que la encontré agonizando en medio del bosque, todavía con el vestido de novia que llevaba tres días antes. Sus primeras palabras me dejaron helado: “No me lleves con mi familia… fueron ellos quienes me encerraron”. No discutí con nadie; simplemente llevé un misterioso medallón a una anciana para preguntarle por él… y ella terminó revelándome una muerte que había permanecido oculta durante casi treinta años.

El olor a humedad hizo que Lucía se cubriera la boca.

En el piso había un vaso de plástico, una cobija sucia, restos de pan endurecido y un pedazo de cuerda.

En una barra metálica oxidada había fibras atoradas.

—Ahí la rompí —dijo Lucía—. Estuve frotando la cuerda durante horas.

Beatriz dejó de hablar.

Los agentes comenzaron a fotografiar todo.

Después encontraron algo aún más grave.

Dentro de un cajón había varias hojas.

En una aparecía escrita repetidas veces una frase:

“Me fui porque amo a otro hombre”.

Era la letra de Beatriz.

Probablemente había practicado intentando imitar la escritura de Lucía.

También encontraron copias de documentos de las propiedades de Elena, contratos preliminares y una hoja firmada por Rogelio.

El documento establecía que, después de casarse con Lucía, él entregaría a Beatriz “la mitad de los beneficios obtenidos de la venta o explotación de los terrenos”.

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