Lucía despertó al amanecer siguiente.
Cuando me vio, comenzó a llorar en silencio.
—Mateo…
Me acerqué.
—Estoy aquí.
—Fue mi tía.
Sentí que se me endureció todo el cuerpo.
Lucía respiró profundamente.
—Ella quería que me casara con Rogelio Salas. Le prometió parte de las tierras de mi mamá si aceptaba casarse conmigo. Cuando le dije que me casaría contigo y que después de la boda reclamaría legalmente mi herencia… se puso demasiado tranquila.
Me contó entonces lo ocurrido.
La mañana de nuestra boda, Beatriz había insistido en acompañarla a la iglesia. Afuera de la casa esperaba una camioneta.
Le dijo que había una sorpresa para nosotros en la parte trasera.
Lucía se acercó.
Alguien la sujetó por detrás.
Le taparon la boca, la amarraron y la llevaron a una vieja bodega.
Durante tres días, su tía entró varias veces para exigirle que escribiera una carta.