Mateo golpeó la pared con la palma.
—¡Ya dejen de hablar de mí como si yo no estuviera!
Luego miró a su padre.
—¿Tienes otra mujer, sí o no?
Ricardo bajó la vista.
—Tu mamá y yo teníamos problemas.
—Eso no responde.
Ricardo calló.
Días después, Sergio, antiguo compañero de trabajo, llamó a Lucía. Confesó que varias “juntas” y “viajes” habían sido inventados para cubrir a Ricardo. Incluso el supuesto viaje a Querétaro durante una fiebre de Mateo nunca existió.
La infidelidad ya no parecía una aventura. Había necesitado excusas, cómplices y una historia diferente para cada persona.
Semanas después llegaron los reportes bancarios.
Daniel puso las hojas frente a Lucía.
—Aquí está el enganche.
El fondo común se cerró un día antes de que Paola formalizara su hipoteca. Los $480,000 pasaron a una cuenta de Ricardo y, al día siguiente, una cantidad casi idéntica terminó vinculada a la operación del departamento.