Lorena abrió los ojos.
—¿Qué?
—Cogí uno de tus cabellos.
Su voz no tenía rabia.
Eso parecía asustar a Lorena todavía más.
—Durante años esperé que no fueras mi madre biológica. Pensaba que quizá por eso me tratabas como si mi presencia te molestara.
Dejó el documento sobre la mesa.
—Pero sí eres mi madre.
El abogado de Lorena lo examinó.
Lorena negó lentamente con la cabeza.
—No.
Diego señaló el resultado.
—Sí.
Elena sintió algo doloroso cerrándole la garganta.
Durante décadas había temido aquel momento.
Sin embargo, cuando finalmente llegó, no sintió satisfacción.
Solo tristeza.
Miró a Lorena.
—Diego siempre fue tu hijo con Mauricio.
Lorena retrocedió.
—Mauricio me aseguró que…
—Mauricio estaba equivocado.
—No puede ser.
—El niño al que llamabas carga era tu hijo. El niño al que dejabas con vecinos mientras viajabas con Mauricio era tu hijo. El niño al que obligabas a ponerse ropa usada mientras gastabas miles de euros en bolsos y tratamientos era tu hijo.