—¿Y por eso los encerraste?
Los ojos de Verónica se llenaron de lágrimas.
—Necesitaba vender.
—¿Vender qué?
Ella guardó silencio.
Alejandro sintió un presentimiento terrible.
—Verónica, ¿qué hiciste?
Su hermana apretó las llaves.
—La casa ya tiene comprador.
Don Joaquín levantó la cabeza.
—¿Qué?
—La operación se firma el dos de enero —admitió ella—. Ya recibí un adelanto.
Alejandro comprendió entonces que el encierro no había sido un arrebato.
Había sido parte de un plan.
—¿Firmó mi papá?
Verónica no respondió.
No hacía falta.
Alejandro entendió.
—Falsificaste su firma.
Ella retrocedió un paso.
Y antes de que pudiera decir algo más, Alejandro vio sobresaliendo del bolso de su hermana una carpeta notarial que podía demostrar algo todavía peor.
Lo que contenían aquellos documentos cambiaría para siempre el destino de toda la familia.
PARTE 3
—Dame la carpeta.