Sino porque mi esposo estaba sentado con ellos planeando cómo desgastarme hasta conseguir mi firma.
Teresa respondió:
—Déjamela a mí. Ella siempre termina cediendo para que no haya escándalos.
Adrián soltó una pequeña carcajada.
—Al final es tu esposa. Sabes cómo convencerla en la habitación.
Rodrigo no se indignó.
No les pidió respeto.
Solo dijo:
—Tenemos que ir despacio.
Apagué la transmisión en vivo después de guardar la grabación en la nube.
No bajé.
No grité.
Algo dentro de mí se había apagado definitivamente.
A la mañana siguiente actué con normalidad. Fui a trabajar, revisé inventarios y hablé con mi padre. También dejé claro que nadie debía recibir documentos originales de la propiedad.
Teresa interpretó mi silencio como una victoria.
Dos días después comenzó su siguiente movimiento.
Camila apareció diciendo que se sentía mal.