Después de semanas soportando a la familia de mi marido, mi suegra rompió la cerradura y exigió: “Tu cuñada embarazada se queda con este dormitorio”. Mi esposo la apoyó sin dudar. Yo respondí una sola frase, saqué su ropa al patio y mostré una grabación que llevaba días guardando. Nadie esperaba que el mayor engaño estuviera escondido bajo aquella blusa…

Me quedé mirando la pantalla sin hacer ruido.

Y entonces escuché a mi suegra decir:

—No importa si ahora se niega. Déjenla cansarse. Un mes, dos meses… cuando ya no soporte tenernos aquí, terminará firmando lo que sea con tal de recuperar su tranquilidad.

Adrián preguntó:

—¿Y si nos quiere sacar?

Teresa miró el supuesto vientre de Camila.

—No se atreverá a echar a una embarazada a la calle. El bebé es nuestra mejor protección.

Luego Rodrigo habló.

Y lo que dijo terminó de matar los seis años de matrimonio que todavía intentaba salvar.

PARTE 3

—Mariana no es tonta —dijo Rodrigo mientras yo escuchaba desde mi cama—. Lo de hipotecar la casa será difícil. Primero hay que conseguir que me agregue a la escritura o, por lo menos, que acepte firmar el crédito. No la presionen de golpe.

Sentí frío.

No porque acabara de descubrir algo nuevo sobre Adrián.

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