Después bajé sin discutir.
Teresa sonrió, convencida de que había ganado.
—Así está mejor. Ve por el resto de tus cosas.
Fui directamente al mueble donde Rodrigo guardaba ropa cuando regresaba de sus viajes.
Saqué una maleta grande.
Metí sus camisas, pantalones, chamarras, zapatos y uniforme de trabajo.
Teresa bajó detrás de mí.
—¿Qué estás haciendo?
—Usted me pidió vaciar mi recámara. Eso estoy haciendo.
—¡Esas son las cosas de Rodrigo!
—Exactamente.
Cerré la maleta y la llevé hasta el patio.
—Si mi habitación tiene que quedar libre para Camila, el hombre que permitió que forzaran la puerta también tendrá que encontrar dónde dormir.
Adrián salió al pasillo.
—Estás exagerando. Fue idea de mamá.
Lo miré.
—Un adulto que destruye la cerradura de otra persona y luego se esconde detrás de su mamá no me parece precisamente inocente.
Minutos después Rodrigo entró por el portón y vio la maleta.