—¿Qué demonios estás haciendo?
Le señalé la planta alta.
—Tu madre ordenó romper la cerradura de nuestra recámara y puso a Camila en nuestra cama. Como tú siempre dices que debo ceder por la familia, estoy cediendo tu lugar también.
—¡Es mi mamá!
—Y esta es mi propiedad.
—¡Deja de repetir eso!
Se acercó furioso.
—Dale la habitación a Camila. Está embarazada. ¿De verdad quieres hacer este circo por una recámara?
Entonces mencioné algo que él no esperaba.
—¿Y mañana qué voy a entregar? ¿La escritura? ¿También debo hipotecar la casa porque Adrián apostó cientos de miles de pesos?
Rodrigo se quedó inmóvil.
Teresa perdió el color.
—¿Quién te contó eso?
—Eso ya no importa.
Rodrigo dio un paso hacia mí.
—Estás destruyendo a mi familia.
—No. Tu hermano la destruyó apostando dinero que no tenía. Tú la empeoraste convirtiéndote en su aval. Y todos vinieron aquí fingiendo que necesitaban alojamiento durante una semana para esconderse del problema.