Teresa comenzó a gritar.
—¡Si tienes tanta sangre fría, entonces nos vamos todos!
—Perfecto.
Rodrigo abrió los ojos.
—Si ellos se van, yo también.
Tomé su maleta y la empujé hasta el exterior.
—El portón está abierto.
Nunca olvidaré su expresión.
Esperaba que llorara.
Que rogara.
Que recordara nuestra boda.
Que cediera una vez más.
En cambio, saqué de mi teléfono la grabación de aquella reunión nocturna.
Primero se escuchó la voz de Teresa:
—Cuando ya no soporte tenernos aquí, firmará cualquier cosa.
Después apareció Adrián hablando de usar el embarazo de Camila para impedir que yo los sacara.
Y finalmente, la voz de Rodrigo hablando de conseguir acceso a la escritura.
El silencio fue absoluto.
—¿Nos estabas grabando? —preguntó él.
—Grabé mi propia sala después de que me golpeaste y una persona entró a robar a mi dormitorio.