Fue él quien me contó la verdad sobre Adrián.
Nunca había perdido el departamento por un aumento de renta.
Había acumulado una deuda enorme apostando por internet. Comenzó perdiendo cantidades pequeñas, luego pidió préstamos rápidos para cubrir las apuestas anteriores. Con intereses y recargos debía ya más de 400,000 pesos.
Personas relacionadas con la deuda habían ido a buscarlo a la casa de Teresa.
Por eso habían huido a la mía.
Peor aún: Rodrigo aparentemente había firmado como aval de parte de esas obligaciones.
Comprendí todo.
La “semana” nunca había existido.
Mi casa había sido elegida como refugio.
Días después Rodrigo apareció con flores y mis donas favoritas.
—He pensado en nuestro futuro —dijo—. Quiero comprar un tráiler propio.
Según él necesitábamos pedir alrededor de 650,000 pesos, usando mi casa como garantía.