Pregunté el modelo del vehículo.
No sabía.
Pregunté dónde estaba.
No lo había visto.
Pregunté por clientes y contratos.
Tampoco existían.
Entonces lo miré a los ojos.
—¿Cuánto de ese dinero es realmente para pagar las apuestas de Adrián?
Rodrigo dejó de fingir.
—Es mi hermano. No puedo verlo hundirse.
—Entonces no lo hundas más pagando sus errores mientras él vive aquí sin trabajar.
—¡Tú nunca entiendes lo que significa familia!
—Familia no significa hipotecar la casa que mis padres compraron para protegerme.
Esa noche dije claramente que jamás firmaría ningún crédito ni permitiría poner la propiedad como garantía.
Rodrigo salió furioso.
Creí que aquel era el fondo.
Me equivocaba.
A las dos de la madrugada una notificación de la cámara de la sala me despertó.
Teresa, Adrián, Camila y mi propio esposo estaban reunidos abajo.