Después de tres años engañándome con anticonceptivos, mi marido dejó sobre la mesa cuatro cápsulas peligrosas y dijo con indiferencia: “Son de calcio”. Yo reconocí lo que eran, fingí tomarlas y esa misma noche desaparecí. Él creyó que su descuido me había matado; lo que no sabía era que mi ausencia activaría un testamento, millones en contratos y la caída de toda su familia.

La familia Cárdenas creyó que todo terminaba ahí, pero las consecuencias apenas comenzaban. Grupo Salazar no necesitó destruirlos; bastó con dejar de protegerlos.

Sin los contratos preferenciales, sin los productores que confiaban únicamente en Mariana y con varios proyectos retrasados, Laboratorios Cárdenas perdió mercado durante meses. Teresa intentó visitar a don Rafael. Seguridad no la dejó pasar.

—Soy la exsuegra de Mariana.

—Precisamente por eso tenemos instrucciones de no recibirla.

Teresa regresó a casa en silencio.

Mariana, mientras tanto, renunció a cualquier cargo decorativo dentro del grupo de su padre y fundó una empresa propia: NÁYARI Biofarma.

Don Rafael quiso financiarla por completo, pero ella aceptó solo una inversión minoritaria.

—Quiero saber qué puedo construir por mí misma.

Su primer producto surgió del proyecto que había desarrollado en el cuarto de servicio. El tratamiento completó sus estudios clínicos y consiguió autorización. Tenía mejor tolerabilidad, menor costo y utilizaba insumos comprados directamente a cooperativas rurales.

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