Me había dejado un patrimonio líquido superior a doscientos treinta millones de pesos.
Pero ése no era el verdadero giro.
También me dejó la mayoría accionaria del grupo.
—Desde que firme la aceptación, usted será la presidenta interina —explicó Gabriel—. Y hay otra cosa. La marca de joyería Étoile México y la firma de moda Varela pertenecen al grupo.
Sentí que el aire se detenía.
Renata llevaba años rogando en redes por una campaña con Varela. Una semana antes había presumido que estaba “a punto” de cerrar una colaboración con ellos.
La mujer que se había burlado de mí por estar quebrada soñaba con trabajar para una empresa que ahora era mía.
Acepté la herencia, pero pedí silencio.
Me trasladaron a una clínica privada en las afueras de Toluca. Un equipo de traumatólogos revisó mis estudios y fue claro: la operación que Mauricio había rechazado todavía podía hacerse, pero no debíamos perder tiempo.