Se encogió de hombros.
—No me sorprende que te haya cambiado por Renata. Siempre fuiste un peso muerto.
La conversación estaba siendo grabada. Llamé a seguridad y Claudia salió amenazándome con contarle todo a Mauricio.
Aquella tarde dejé de sentir lástima por la gente que confundía mi silencio con debilidad.
Tres meses después ya caminaba con bastón. Cinco meses después podía recorrer una sala sin apoyo.
Desde mi nueva oficina en Paseo de la Reforma, Gabriel puso frente a mí un expediente sobre Mauricio.
Había gastado los ahorros robados, hipotecado la casa con documentos falsificados, financiado una boda ostentosa con Renata y acumulado deudas para sostener una vida que no podía pagar.
Lo más interesante era quién tenía ahora esas deudas.
Grupo Montemayor había comprado, de manera legal, varios créditos vencidos de la cartera donde estaban concentradas sus obligaciones.