Durante 5 años le di a mi suegra 25,000 pesos cada mes para evitar problemas. Cuando mi padre necesitó una cirugía cardíaca de emergencia, usé ese dinero para salvarlo. Ella llegó a mi cocina y dijo: “Eres una carga para esta familia”. Mi esposo me ordenó irme. No discutí: llamé a mi abogada. Entonces apareció un documento de 2.4 millones con mi firma… que yo nunca había firmado.

A las 11:40, Arturo llamó a Mariana.

—¿Tienes idea de lo que acabas de hacer?

Ella estaba en el hospital acompañando a su padre, que ya caminaba lentamente por el pasillo.

—Yo no autoricé esas operaciones.

—Pudiste hablar conmigo.

—Lo intenté durante meses. Me pediste que dejara de hacer preguntas.

—Van a destruir mi carrera.

Mariana miró a Ernesto, que avanzaba apoyado en el brazo de una enfermera.

—Tu carrera depende de lo que hiciste tú, no de que yo lo haya encontrado.

Cortó la llamada.

Rebeca presentó las reclamaciones por las cuentas abiertas sin autorización y solicitó la corrección de la información ante las instituciones financieras correspondientes. También reunió los documentos para denunciar la posible falsificación de firmas y uso indebido de datos ante la Fiscalía de Nuevo León.

La empresa, por su parte, entregó sus hallazgos a sus asesores legales y a las autoridades competentes.

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