Durante 5 años le di a mi suegra 25,000 pesos cada mes para evitar problemas. Cuando mi padre necesitó una cirugía cardíaca de emergencia, usé ese dinero para salvarlo. Ella llegó a mi cocina y dijo: “Eres una carga para esta familia”. Mi esposo me ordenó irme. No discutí: llamé a mi abogada. Entonces apareció un documento de 2.4 millones con mi firma… que yo nunca había firmado.

Nada se resolvió en una tarde.

Durante semanas hubo entrevistas, peritajes de firmas, requerimientos bancarios y revisión de correos.

Pero el patrón se volvió cada vez más difícil de explicar.

Teresa había creado Consultoría Valdés 4 años antes.

La empresa casi no tenía empleados.

Aun así, había facturado millones de pesos a Medinova.

Parte del dinero había regresado a cuentas relacionadas con Arturo. Otra parte se había usado para cubrir gastos personales de Teresa, incluyendo la remodelación de su residencia y pagos de tarjetas.

Arturo alegó que todo correspondía a servicios legítimos.

Los auditores pidieron entregables, estudios y reportes.

Muchos no aparecieron.

El crédito de 2,400,000 pesos resultó aún peor.

La firma de Mariana no coincidía con sus trazos originales según el peritaje preliminar, y el supuesto poder notarial presentado como respaldo no correspondía con los registros de la notaría.

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