ÉL CREYÓ QUE SU ESPOSA LUCHARÍA POR ÉL… ELLA SOLO INCLINÓ LA CABEZA, ABANDONÓ LA HACIENDA Y NUNCA REGRESÓ

“¿Nuestro matrimonio?”

“No.”

Sebastián respiró profundamente.

“Yo mismo.”

Se marchó.

Elena permaneció junto a la bodega mucho después de que las luces de su camioneta desaparecieron por el camino.

Pero no lo llamó.

A veces una disculpa era el principio de algo.

No tenía por qué ser inmediatamente el principio del perdón.

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