ÉL CREYÓ QUE SU ESPOSA LUCHARÍA POR ÉL… ELLA SOLO INCLINÓ LA CABEZA, ABANDONÓ LA HACIENDA Y NUNCA REGRESÓ

“¿Está funcionando?”

“Estamos pagando las cuentas.”

“Eso no fue lo que pregunté.”

Elena sonrió por primera vez.

Muy poco.

“Sí. Está funcionando.”

Sebastián sintió orgullo.

Y después vergüenza.

Porque durante once años había pensado que Elena brillaba gracias a la vida que él le proporcionaba.

Nunca había considerado que quizá era su propia luz la que había mantenido iluminada la casa de ambos.

“Me alegro”, dijo.

Elena sostuvo su mirada.

“Buenas noches, Sebastián.”

Él caminó hacia la camioneta.

Antes de subir, se volvió.

“Elena.”

“¿Sí?”

“Lo que hice aquella noche estuvo mal.”

Ella no respondió.

“No hablo de querer separarnos”, continuó. “Tenía derecho a sentir que nuestro matrimonio estaba roto. Pero no tenía derecho a convertir tu dolor en parte de mi espectáculo.”

Elena permaneció inmóvil.

“Quería controlar la historia”, dijo Sebastián. “Y pensé que si tú luchabas por mí, significaría que yo todavía tenía poder sobre algo que llevaba años sintiendo que se me escapaba.”

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