El día de la boda de mi hija yo estaba sentada en la iglesia viéndola caminar hacia el altar, guapa y feliz, cuando de pronto mi exmarido se sentó a mi lado. Desde el divorcio, hace casi diez años, solo hablábamos de los hijos

La boda de Clara se celebró en septiembre, en la iglesia de San Millán. Llevábamos meses preparándola. Yo la acompañé a elegir el vestido a Madrid, probamos tres menús en un restaurante de las afueras y discutimos sobre si cochinillo o cordero hasta que ganó el cordero. Luis lo pagó casi todo, eso hay que reconocérselo, pero apenas apareció en los preparativos. Venía de Valencia en el AVE, firmaba y se iba.

Álvaro, en cambio, me tenía preocupada desde la primavera. Siempre había sido el más cariñoso de los dos, el que me llamaba al salir del trabajo para contarme cualquier tontería. De repente las llamadas se hicieron más cortas. Me decía que estaba liado, que ya hablaríamos. No vino ni a la prueba del menú, y eso que el cordero había sido idea suya. Yo pensé que sería cosa de la novia, que a ella no le caía bien la familia, y no quise meterme.

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