Me di la vuelta y le vi. Álvaro estaba en la puerta del restaurante, con el traje grande, fumando solo. Le había saludado esa mañana con un beso rápido y no me había dado cuenta de nada. Llevábamos meses hablando por teléfono los domingos, y él me decía que todo iba bien, que tenía mucho trabajo, que ya bajaría a verme.
Luis me dijo que ya no sabía qué más hacer, que él solo no podía. Que el lunes tenían cita con un psicólogo en Valencia y que le gustaría que yo fuera. Fue la primera vez en diez años que me pidió algo.
Pasé el banquete sentada al lado de mi hijo. Le serví agua cada vez que el camarero le llenaba la copa de vino. No le dije nada. Solo, cuando empezó el baile y Clara bailaba con su marido, le cogí la mano por debajo del mantel. Él no me la soltó en toda la canción.