El día de la boda de mi hija yo estaba sentada en la iglesia viéndola caminar hacia el altar, guapa y feliz, cuando de pronto mi exmarido se sentó a mi lado. Desde el divorcio, hace casi diez años, solo hablábamos de los hijos

Álvaro, en cambio, me tenía preocupada desde la primavera. Siempre había sido el más cariñoso de los dos, el que me llamaba al salir del trabajo para contarme cualquier tontería. De repente las llamadas se hicieron más cortas. Me decía que estaba liado, que ya hablaríamos. No vino ni a la prueba del menú, y eso que el cordero había sido idea suya. Yo pensé que sería cosa de la novia, que a ella no le caía bien la familia, y no quise meterme.

Aquella mañana me levanté a las seis. Peluquería, maquillaje, el vestido azul que me había costado medio mes de pensión. En la iglesia me senté en el primer banco, a la derecha, con mi hermana y mi sobrina. Clara entró del brazo de su padre. Estaba preciosa, con el velo de encaje de mi madre que habíamos sacado del arcón. Yo lloraba antes de que empezara la música.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *