El día de mi boda, una anciana derramó su cubeta de flores, cayó de rodillas y me advirtió: “Si te casas con él, será demasiado tarde”. Entre 19 invitados me entregó un viejo boleto relacionado con la muerte de mi padre. Mi prometido lo reconoció de inmediato. Yo me quité el velo y cancelé todo sin discutir. Horas después supe que llevaba dos semanas ocultándome una verdad enterrada durante 23 años…

—Hace dos semanas Rogelio Vargas vino voluntariamente.

Alicia no respondió.

—Declaró que él conducía el vehículo que atropelló a Antonio Rocha hace veintitrés años. Dio detalles que nunca aparecieron en la prensa.

—¿Lo van a detener?

El agente negó con la cabeza.

—No. Por el tiempo transcurrido y las condiciones legales del caso, ya no es posible ejercer acción penal por esos hechos. Además, el vehículo desapareció hace años, el mecánico murió y varios elementos probatorios ya no existen.

Alicia sintió una extraña mezcla de decepción y alivio.

—Entonces nada cambia.

—Legalmente, muy poco. Pero el expediente sí cambia.

Giró la carpeta hacia ella.

En la portada había una anotación antigua:

Conductor no identificado.

—Durante veintitrés años eso fue lo que quedó escrito. Ahora constará su declaración y su nombre.

El agente la observó.

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