La muchacha terminó aceptándolo.
Semanas después envió una fotografía desde el Registro Civil.
Alicia sonrió.
Por primera vez pudo mirar aquel vestido sin recordar el boleto.
Fue entonces cuando entendió definitivamente qué había sucedido.
Ella no había dejado a Rogelio por algo ocurrido cuando tenía dieciocho años.
Podría haber intentado comprender a aquel muchacho asustado.
Incluso podía comprender a Héctor, aunque nunca aprobara lo que hizo. Era un padre intentando salvar a su hijo de la peor manera posible.
Pero Rogelio había tenido cuarenta y un años cuando encontró la carpeta.
Ya no había ningún padre ordenándole callar.
Nadie lo amenazaba.
Nadie podía castigarlo por hablar.
Y aun así decidió llevarla al Registro Civil esperando conseguir primero su firma.
Eso era lo que Alicia no podía perdonar.
Un amor se conoce cuando todo está bien.