Alicia tomó el autobús hacia el cementerio.
Sus padres estaban enterrados juntos.
Quitó las hojas húmedas de la lápida, cambió el agua y acomodó los crisantemos.
Después se sentó.
—Mamá —dijo en voz baja—. Ya sé todo.
El viento movió las ramas.
—Durante muchos años pensé que te habías rendido. Ahora entiendo que elegiste vivir para mí.
Miró la fotografía de Antonio.
—Y también sé quién conducía.
Permaneció allí largo rato.
Al regresar a casa colocó el viejo boleto dentro de la libreta de Valentina.
El papel estaba tan desgastado que casi se transparentaba.
Había pasado de las manos de su madre a la cartera de una florista.
Allí permaneció olvidado durante veintitrés años.
Hasta que, cinco minutos antes de una boda, volvió a aparecer.
Alicia dejó la libreta dentro del cajón.
No creía en señales.