Al amanecer tocaron el timbre.
Rogelio estaba afuera.
Llevaba una carpeta bajo el brazo.
—Tenía dieciocho años —dijo sin entrar—. Tomé el coche de mi papá sin permiso. Llovía. Iba rápido. Vi a tu padre demasiado tarde.
Alicia apoyó la espalda contra la pared.
—¿Te detuviste?
—Cien metros después.
—¿Fuiste a verlo?
Rogelio bajó la mirada.
—No.
Había regresado a casa.
Héctor fue al lugar y después escondió el automóvil en un taller. Le dijo a su hijo que el hombre había sobrevivido.
Días más tarde Rogelio descubrió que era mentira.
Pero guardó silencio.
—Mi papá me dijo que, si hablaba, destruiría mi vida.
Entonces Rogelio abrió la carpeta.
La había encontrado dos semanas antes, mientras vaciaba el departamento de Héctor.
Dentro había un recorte del periódico sobre la muerte de Antonio Rocha.