También había documentos del taller.
Rogelio había visto el apellido.
Había comparado la fotografía del periódico con una fotografía del padre de Alicia.
—Desde hace dos semanas sé que eras tú —confesó.
Alicia sintió que aquello le dolía más que todo lo demás.
—¿Dos semanas?
—Quería contártelo.
—Pero ayer intentaste casarte conmigo.
Rogelio cerró los ojos.
—Pensé que, si ya éramos marido y mujer cuando te enteraras… quizá podríamos superarlo juntos.
Alicia entendió.
No estaba hablando con el muchacho asustado de dieciocho años.
Estaba mirando al hombre de cuarenta y uno que, veintitrés años después, había tenido la oportunidad de decir la verdad…
y había elegido exactamente lo mismo que su padre:
ocultarla hasta sentirse a salvo.
Pero todavía faltaba descubrir por qué Valentina, después de luchar tanto, había decidido abandonar el caso.