El millonario llegó furioso a cobrar tres meses de renta atrasada

—Lucía.

—¿Y tu mamá?

—Mariana.

La niña abrió un poco más la puerta.

El departamento estaba casi a oscuras. Había un colchón delgado en la sala, una olla vacía sobre la estufa y varias cajas de medicamentos junto a un vaso de agua.

Alejandro sintió un nudo en el estómago.

Él conocía esa clase de casa.

Antes de convertirse en dueño de una empresa inmobiliaria, había crecido viendo a su propia madre contar monedas para decidir entre pagar el gas o comprar comida.

Pero hacía años que había conseguido olvidar cómo se sentía.

—¿Tu mamá está enferma?

Lucía asintió.

—Fue a una consulta.

Luego regresó a la máquina.

—Tengo que terminar estas blusas hoy.

—¿Por qué?

—Porque la señora paga $35 pesos por cada una.

Alejandro miró las prendas apiladas.

—¿Y tú las haces?

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