La mano con la que había estado señalándome quedó suspendida.
—Mariana, déjame explicarte…
—Claro. Pero primero abre esto.
Empujé hacia él un sobre grueso.
La primera hoja era la demanda de divorcio.
Después venían fotografías: Adrián, Daniela y un niño pequeño en un parque, comiendo en un restaurante, entrando a un departamento en Interlomas.
Parecían una familia feliz.
—Esto está manipulado —murmuró.
—Sigue.
Las páginas siguientes eran estados de cuenta.
Transferencias desde nuestra cuenta común hacia Daniela. La primera tenía casi tres años. La última se había hecho el día que Adrián salió de casa jurando que la empresa necesitaba dinero urgente.
En total: casi siete millones de pesos.
Adrián se dejó caer en una silla.
—Ella me presionó. Yo iba a devolverte todo.
—¿También te presionó para pagarle el departamento, la camioneta y la guardería del niño?