En quince días no fuiste capaz de llamarme ni una vez”, me reprochó mi esposo al volver de viaje. Yo sonreí: “Sí lo hice; respondió la mujer con la que llevas tres años y escuché a tu hijo llamarte papá”. Él quiso darme una explicación, pero yo ya había colocado sobre la mesa el divorcio

Sus ojos se llenaron de pánico.

Saqué otra carpeta.

—Y parte de ese dinero ni siquiera era nuestro. Tres millones salieron de tu empresa mediante facturas infladas y proveedores fantasma.

—No sabes de lo que hablas.

—Tu contador ya entregó copias.

Entonces se arrodilló.

—Mariana, por favor. Dejo a Daniela. Vendo todo. Te regreso el dinero.

Retiré la pierna cuando intentó abrazarme.

Mi teléfono comenzó a sonar.

Era su madre, Elvira.Puse el altavoz.

—¡Mariana! ¿Qué tontería es esa del divorcio? En esta familia nadie se separa porque una mujer haga berrinche. Y después de cinco años ni siquiera pudiste darle un hijo. ¡Deberías agradecer que mi hijo siga contigo!

Miré a Adrián.

Él no la detuvo.

Ni siquiera bajó la mirada.

—Señora Elvira —dije—, su hijo sí tiene un niño de tres años. Sólo que no conmigo.

Silencio.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *