En quince días no fuiste capaz de llamarme ni una vez”, me reprochó mi esposo al volver de viaje. Yo sonreí: “Sí lo hice; respondió la mujer con la que llevas tres años y escuché a tu hijo llamarte papá”. Él quiso darme una explicación, pero yo ya había colocado sobre la mesa el divorcio

—Y tiene un problema mucho más grande que un divorcio.

Colgué.

Adrián me miró como si acabara de descubrir que la esposa silenciosa con la que se había casado no existía.

—¿Quieres saber quién pagó a los abogados que reunieron todo esto en quince días?

Tragó saliva.

—¿Quién?

—Mi padre.

—Tu papá fue maestro de preparatoria.

—Eso fue lo que decidí contarte.

En ese momento sonó el timbre.

En la cámara del interfón estaba el director jurídico del Grupo Alcázar, una de las empresas más poderosas con las que Adrián llevaba años soñando hacer negocios.

Y no venía solo.

No puedo creer lo que estaba a punto de pasar…

PARTE 2

Cuando abrí la puerta, Adrián se quedó inmóvil.

El licenciado Ernesto Robles, director jurídico del Grupo Alcázar, entró acompañado por dos abogados.

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