En un semáforo encontré a mi hija cargando a mi nieto mientras pedía limosna. “Me echaron y dijeron que si hablaba me quitarían al niño”, me susurró. Su esposo y su suegra ya se habían quedado con su casa, su coche y casi un millón de pesos. Yo sólo guardé las monedas que llevaba en la mano y llamé a una persona… entonces apareció un documento que ninguno de ellos esperaba.

Cerré la puerta.

Una hora después recibí un mensaje de un número desconocido.

Era Iván.

“Trabajo para la familia Salazar desde hace tres años. Me deben 180 mil pesos y no quieren pagarme. Si quiere saber qué planean hacer con su hija, mañana a las nueve. Venga solo.”

Le mostré el mensaje a Mariana.

Ella palideció.

—Papá… Iván es la persona de mayor confianza de Diego.

Volví a leerlo.

Entonces comprendí algo mucho peor:

Si el hombre más leal de Diego estaba dispuesto a traicionarlo, significaba que lo que esa familia planeaba hacer con Mariana era todavía más grave de lo que imaginábamos.

Y todavía no sabíamos que, mientras nosotros hablábamos, Leticia ya había preparado una mentira capaz de hacer que medio Guadalajara odiara a mi hija.

No podía creer lo que estaba a punto de ocurrir…

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