En un semáforo encontré a mi hija cargando a mi nieto mientras pedía limosna. “Me echaron y dijeron que si hablaba me quitarían al niño”, me susurró. Su esposo y su suegra ya se habían quedado con su casa, su coche y casi un millón de pesos. Yo sólo guardé las monedas que llevaba en la mano y llamé a una persona… entonces apareció un documento que ninguno de ellos esperaba.

PARTE 2

A las nueve de la mañana llegué solo al parque Metropolitano.

Iván estaba sentado en una banca, mirando hacia todos lados.

—Mañana Diego va a presentar una denuncia —dijo sin saludar—. Quiere acusar a Mariana de haberse llevado al niño sin autorización.

—Es su madre.

—Ya sé. Pero la señora Leticia tiene gente conocida en varias dependencias. Su idea es presentar a Mariana como una mujer emocionalmente inestable.

—¿Y la camioneta?

—La quieren vender.

—¿El departamento?

Iván soltó el aire.

—Mauricio movió los papeles. Ya lo usaron como garantía para conseguir un préstamo a nombre de una empresa.

Sentí un frío extraño pese al calor.

—¿Qué quieres?

—Que me ayude a cobrar lo que me deben. Legalmente. Yo le doy información y usted me consigue un abogado.

Acepté.

Aquella misma tarde llamé a Fernando Aguirre, un abogado que llevaba años ayudándome con asuntos de mis empresas, y a Raúl Mendoza, contador forense especializado en rastrear transferencias.

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