En un semáforo encontré a mi hija cargando a mi nieto mientras pedía limosna. “Me echaron y dijeron que si hablaba me quitarían al niño”, me susurró. Su esposo y su suegra ya se habían quedado con su casa, su coche y casi un millón de pesos. Yo sólo guardé las monedas que llevaba en la mano y llamé a una persona… entonces apareció un documento que ninguno de ellos esperaba.

Llevé a Mariana y a Emiliano a la casa vacía de un primo en Zapopan.

Durante horas reconstruimos fechas, cantidades y documentos.

—Diego administraba mi cuenta —explicó Mariana—. Decía que con el bebé yo no debía preocuparme por dinero.

Raúl levantó la vista de la computadora.

—¿Cuánto tenías?

—Entre lo que papá me había dado y mis ahorros… casi un millón de pesos.

Fernando frunció el ceño.

—¿Autorizaste transferencias?

—No.

Raúl empezó a rastrearlas.

Dos horas después encontró algo.

Decenas de movimientos terminaban en una empresa llamada LSC Consultores.

La propietaria era Leticia Salazar.

—Aquí está el dinero —dijo Raúl.

Mariana se quedó inmóvil.

Pero apenas empezábamos.

Al mediodía mi teléfono comenzó a llenarse de mensajes.

Un conocido me envió un video.

Después otro.

Luego cinco.

En varias páginas locales de Facebook circulaban imágenes de Mariana pidiendo dinero entre los autos.

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