Entré en mi cocina y encontré a una niña de 10 años de rodillas, recogiendo macarrones del suelo mientras la administradora amenazaba con echar a su madre. “Tu madre se marcha hoy mismo”, dijo. No discutí: ordené revisar salarios, proveedores y 24 meses de cuentas. Entonces vi en la mano de la niña una insignia con “S.A. 1978”, idéntica a la que mi padre guardaba bajo llave.

Clara abrió los ojos.

—Sí.

Mercedes observó la escena sin comprender.

Álvaro sí comprendía.

En 1978, un joven voluntario llamado Julián Rivas había entrado 3 veces en una nave en llamas para ayudar a varios trabajadores atrapados.

1 de aquellos hombres era el padre de Álvaro.

Y aquella niña hambrienta que recogía comida destinada a la basura era familia del hombre al que los Salcedo debían que su historia hubiera continuado.

PARTE 2

Álvaro calentó personalmente otro plato y lo dejó delante de Clara.

—Come. Después hablaremos.

La niña intentó hacerlo despacio, pero el hambre la traicionó.

Pocos minutos después apareció Elena.

Al ver a su hija sentada frente al dueño, perdió el color.

—Clara, ¿qué ha pasado?

Mercedes respondió antes que nadie:

—Su hija ha estado cogiendo comida. Esto demuestra que no podemos confiar…

—Basta —la cortó Álvaro.

Elena se apresuró a disculparse.

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