—No puedes entrar —repitió.
Víctor lo soltó.
Antes de marcharse preguntó:
—¿Está consciente? ¿Dijo algo?
Ignacio sintió un escalofrío.
No preguntó si volvería a caminar.
No preguntó si tendría secuelas.
Preguntó si había hablado.
—Todavía no —mintió Ignacio.
Víctor respiró lentamente.
—Cuando despierte me llamas.
Luego sonrió con tristeza.
—Tú siempre salvas a todos, Nacho.
La puerta automática se cerró detrás de él.
Ignacio esperó diez segundos.
Después tomó el teléfono.
Primero llamó al director médico.
Luego hizo una segunda llamada.
A una investigadora de la Fiscalía de Jalisco que conocía desde hacía años.
A las 5:40 de la mañana, la agente Mariana Robles estaba sentada frente a él observando el parche sellado.
—¿Quién conocía esta alergia?
—Yo.
Ignacio hizo una pausa.
—Y su marido.
—¿A qué se dedica?
—Es farmacéutico.