Estaba operando de urgencia a la esposa del hombre que había sido mi mejor amigo durante más de 40 años cuando, al cortar su vestido, encontré algo pegado a su piel que me heló la sangre. “Preparen adrenalina, ahora”, ordené. Horas después descubrimos que su marido conocía perfectamente aquella alergia mortal… y tres meses antes había contratado un seguro de vida por seis millones

Mariana levantó los ojos.

Ignacio continuó:

—Y ese medicamento no se consigue fácilmente.

La agente miró otra vez la bandeja.

—Entonces no estamos investigando un accidente.

Ignacio apretó la mandíbula.

—Eso mismo pensé.

Mariana sacó su libreta.

—Doctor Herrera… necesito que me diga algo más. ¿Hay alguna razón por la que Víctor Salgado quisiera matar a su esposa?

Ignacio tardó demasiado en responder.

Porque de pronto recordó algo que Elena le había confesado meses atrás.

Una mujer.

Un número desconocido.

Mensajes borrados.

Y una frase que Elena había repetido tratando de convencerse:

“Después de treinta años de matrimonio, uno no tira una vida entera por una aventura.”

Ignacio miró la puerta cerrada de terapia intensiva.

Todavía no sabía que el parche era apenas la primera pieza.

Y cuando descubrieron lo que Víctor había preparado tres meses antes, ni siquiera él pudo creer hasta dónde había llegado su mejor amigo.

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