Estaba operando de urgencia a la esposa del hombre que había sido mi mejor amigo durante más de 40 años cuando, al cortar su vestido, encontré algo pegado a su piel que me heló la sangre. “Preparen adrenalina, ahora”, ordené. Horas después descubrimos que su marido conocía perfectamente aquella alergia mortal… y tres meses antes había contratado un seguro de vida por seis millones

—Faltaba una unidad —dijo Mariana—. Las demás siguen ahí.

Ignacio apretó los puños.

—¿Motivo?

La investigadora lo miró.

—Elena confirmó que Víctor mantiene una relación con otra mujer desde hace casi dos años.

Ignacio giró hacia la ventana.

No quería que Mariana viera lo que aquellas palabras provocaban en él.

Aquella noche entró a la habitación de Elena.

Ella estaba despierta.

—¿Ya sabes? —preguntó.

Ignacio asintió.

—Todo.

Elena tocó lentamente la marca en su pecho.

—Me lo puso él mismo.

Su voz se quebró.

—Me besó aquí… encima del parche. Y me dijo: “Cuida ese corazón, Lena”.

Ignacio tuvo que apartar la mirada.

—Treinta años —susurró ella—. Le planché camisas durante treinta años. Le preparé café cuando llegaba de madrugada. Sabía de la otra mujer y me quedé porque pensé que era una crisis. Pensé que envejecer juntos significaba aguantar.

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