Elena lo miraba con lágrimas silenciosas.
—Yo esperé que dijeras algo —susurró.
Ignacio sintió que el piso desaparecía.
—¿Qué?
—En la fiesta de graduación. Esperé toda la noche.
Una lágrima resbaló por su mejilla.
—Pero tú no hablaste. Víctor sí.
Ignacio bajó la cabeza.
Cuarenta años de silencio se acomodaron entre ellos como una cuarta persona.
Elena extendió la mano.
Él la tomó.
—Tu silencio también cambió mi vida, Ignacio.
No era un reproche.
Era peor.
Era verdad.
Minutos después Mariana entró.
Habían preparado una estrategia.
A Víctor le comunicarían que Elena no había sobrevivido a una complicación nocturna. No habría certificado falso ni documento oficial; únicamente lo citarían al hospital para completar la identificación y algunos trámites mientras la Fiscalía esperaba observar su reacción.
—Queremos ver qué hace cuando crea que consiguió lo que quería —explicó Mariana.