—Envíamela —dije.
Mi madre me miró sorprendida.
—¿De verdad?
—Sí.
—¿Qué te gusta tanto de esa foto?
Volví a mirarla.
Y en aquel momento finalmente comprendí lo que realmente había cambiado.
—Me gusta que ya no estoy pensando en qué será lo primero que la gente note cuando mire mi rostro.
Durante años había creído que mi mayor problema era lo que veía en el espejo.
Pero solo después de atravesar todo aquel proceso comprendí que mi mayor lucha había sido en realidad con la persona que estaba frente a él.
Y por primera vez en mi vida, ya no intentaba esconderla.