Emily rompió a llorar de alegría.
Todos en el centro comenzaron a aplaudir.
Hoy Hope tiene seis meses.
Emily sigue amando su libertad, sale con sus amigas, trabaja y viaja ocasionalmente. Pero ahora organiza el cuidado de su hija de manera responsable.
No se ha convertido en la madre perfecta que yo había imaginado.
En cambio, se ha convertido en una mujer más fuerte, capaz de reconocer sus errores, proteger a los demás y no permitir que su doloroso pasado determine su futuro.
Una noche volví a verla en el mismo balcón donde antes fumaba y bebía cerveza.
Pero esta vez no tenía ningún cigarrillo ni botella en las manos.
Sostenía a la pequeña Hope en brazos mientras hablaba por teléfono con Jamie.
—¡Hasta mañana, mi pequeño héroe!
Cuando terminó la llamada, me miró y sonrió.