Lucía agradecía todo.
Pero entendí que perdonar no significaba fingir que nada había ocurrido.
Algunas heridas no necesitan venganza.
Necesitan memoria.
Beatriz fue procesada por privación ilegal de la libertad, lesiones y otros delitos relacionados con el secuestro. Rogelio y los dos hombres que participaron también enfrentaron cargos.
Meses después comenzó el juicio.
Lucía decidió asistir.
Yo quería acompañarla.
—Necesito hacerlo sola —me dijo.
—¿Segura?
—Toda mi vida alguien decidió por mí. Mi tía decidió dónde viviría. Quiso decidir con quién me casaría. Tú intentas protegerme porque me amas, pero ahora necesito decidir yo.
No discutí.
Cuando regresó dos días después, la esperé frente a casa.
Bajó del autobús con un vestido azul y el cabello suelto.
Se veía distinta.
No más feliz exactamente.
Más ligera.
—¿Qué pasó?
—La declararon culpable.