Beatriz recibió varios años de prisión. Rogelio aceptó parte de los cargos y declaró contra ella.
Pero a Lucía parecía importarle otra cosa.
—Me miró antes de que se la llevaran —dijo.
—¿Te pidió perdón?
Lucía soltó una sonrisa triste.
—No. Me dijo que aquellas tierras también debieron ser suyas. Que mi mamá siempre le quitó todo.
—¿Y tú qué dijiste?
—Nada.
Entró al patio, acarició al perro y luego añadió:
—Por primera vez entendí que nunca fui yo el problema. Ella llevaba peleando contra una persona muerta desde antes de que yo naciera. Yo sólo heredé su odio junto con las tierras.
Con el proceso legal terminado, Lucía recuperó el control de la propiedad.
Todos esperaban que vendiéramos.
No lo hicimos.
Reabrimos el viejo molino con ayuda de familias del pueblo y modernizamos parte del huerto.
Yo continué con el aserradero.